domingo, 23 de febrero de 2014

Cuento de Andrea y Andrés

ANDREA Y ANDRES
El Ratón Andrés salió de casa justo después de comer. Había terminado su trabajo durante la mañana. Ahora le sobraba el tiempo y le apetecía dar un largo paseo. Ratón Andrés marchaba tranquilamente. Llevaba las manos dentro de los bolsillos y silbaba. Era primavera
Los árboles estaban cubiertos de hojas nuevas y había flores en los prados, flores de muchas clases y colores. Además el cielo estaba completamente azul y el aire soplaba con suavidad.
 ¡Qué tarde tan chula!.¿Y ahora para donde voy? 
Da lo mismo porque el tiempo me sobra.Me iré hacia el bosque.
 
¡Hala, cuántos árboles!. Hay cientos y cientos. 
Parece que alguien los ha puesto en fila, son tan altos y ordenados...
¡Parecen soldados! Pero soldados que están contentos porque no van a la guerra.
Y por allí se escucha un río... Y los pájaros no paran de cantar.
¡Qué chulada de tarde!¡Uy, a lo tonto estoy super lejos de casa! 
 
¡Qué es esta cosa pequeña y húmeda que me ha caído en la oreja izquierda!

No puede ser una gota de lluvia porque ésta es una chulísima tarde de primavera.

Y ahora en la cabeza, y en la mano, y en la nariz... 
Pero,  ¡si está lloviendo!......¿Dónde está el sol?  Pero, pero... ¿dónde se ha metido?

¡Qué fastidio! Voy a ponerme perdido.  Tengo que regresar a casa a la carrera.
 ¡Me estoy poniendo perdido! ¡me tengo que refugiar en algún sitio! Allí veo una cueva. 
 
¡Ojalá esta horrible lluvia cese pronto y pueda salir de aquí para volver a casa!
¡Dios mío ¿Qué es ese sonido?

Parece que alguien esté respirando muy fuerte, igual es un gato enorme que quiere cazarme. 

Mira que si ahora alarga sus grandes patas y me apresa...

Mira que si aprieta mi pobre cuello con sus grandes garras...

Mira que si luego me quiere comer y abre su gran boca...

¡qué miedo!

Ya viene, ya se acerca.  Es un gato enorme y va a cogerme.

Yo me voy de aquí. ¿Y ahora qué hago?, ya sé, me quedaré quieto, como si me hubiera muerto.

¡Ay, cada vez suena más cerca!


Ya sé lo que voy a hacer. Fingiré que soy alguien mucho más grande y peligroso que un gato.

¿Quién anda ahí?

ANDREA: Soy yo, Ratona Andrea 
ANDRES: ¡BUF! ¡Qué alivio!
ANDREA ¿Quién eres tú?
ANDRES: Yo soy ratón Andrés.
ANDREA: ¡Menos mal!. Pensé que eras alguien enorme y peligroso; pensé que eras un gato,
como tu respiración sonaba tan fuerte.
ANDRES:  Y yo pensaba lo mismo, que eras un enorme y furioso gato, como respirabas con tanta fuerza....
ANDREA:  Es que estaba muy asustada.
ANDRES:  Yo también estaba muy asustado.
ANDRES:  ¿Tienes miedo de la tormenta? 
ANDREA:  Algunas veces. Y tú, ¿tienes miedo de la tormenta? 
ANDRES:  También algunas veces.  
ANDREA:  Y hoy es una de esas veces. 
ANDRES:  Sí, hoy es una de esas veces.
ANDREA:  ¿Te gusta cantar?
ANDRES: Me gusta.
ANDREA:  Entonces, cantemos
ANDRES:  De acuerdo.  
(Con los pequeñines del cole cantamos el clásico "Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva...", pero con los mayores esta canción causó furor.)
    


ANDRES:  Pero, ¡si está lloviendo más fuerte! Ha sido nuestra culpa, por llamar así a la lluvia, como si ya no lloviera bastante.
ANDREA:  Sí, ha sido por nuestra culpa ¡esto es el Diluvio!
ANDRES: Si esto es el Diluvio a mí me da lo mismo.

Fuera de la cueva seguía lloviendo con mucha intensidad.  
Los truenos rugían cada vez con mas furia, el viento soplaba como si quisiera tumbar a los árboles del bosque.  
De repente se escuchó un gran trueno parecía que la cueva que iba a venir abajo, y los dos ratoncitos se abrazaron asustados y así abrazados a Ratón Andrés y Ratona Andrea les parecía que el miedo se les iba volviendo cada vez más pequeño. 
De pronto Ratón Andrés y Ratona Andrea sintieron algo de frío.  
Era el aire que se colaba por alguna grieta. 
Entonces Ratón Andrés y Ratona Andrea se quedaron en silencio, la tormenta seguía fuera de la cueva pero ya no les daba ningún miedo. 
 La verdad es que ahora se alegraban de la tormenta porque así podían estar juntos y hablar de las cosas que les gustaban y también de las que no les gustaban.
ANDRES: ¿Qué cosa es la que te da en la cara y tú no la ves?
ANDREA:  Creo que es el viento.  ¿Te gustan las adivinanzas?
ANDRES:  Mucho.
ANDREA: Y ¿Qué cosa es la que mientras más grande es menos se ve?
ANDRES: ¿Si es más grande se ve menos?
ANDREA:  Sí, si es más grande se ve menos.
ANDRES: Y, ¿Si es más pequeña se ve mejor?
ANDREA:  Sí, si es más pequeña, se ve muuuucho mejor.
ANDRES:  Me parece, me parece.....Pero no estoy seguro... ¿Puede ser la oscuridad?
ANDREA:  ¡Muy bien! es la oscuridad, debes ser muy listo para haberlo acertado.   
ANDRES:  No, yo no soy muy listo, soy normal como todo el mundo. 
ANDRES: Sabes, a mi me encanta patinar sobre las ramas caídas de los árboles y saltar los charcos y ponerme perdido.
ANDREA: Anda, a mi también
ANDRES:  Y escuchar el canto de las ranas y de los grillos. Bueno, y soy un poco gamberro porque me encanta asustar a los gatos y ponerles petardos para ver como salen corriendo, por eso tenia tanto miedo, pensé que era un gato al que algún día asusté.
ANDREA: Jo, que risa, si yo fuera mas valiente te acompañaría a asustar gatos. Pero ¿sabes? Lo que más, lo que más me gusta es sentarme en la puerta de mi casa a ver ocultarse el Sol y salir la Luna, comiendo castañas o bellotas.
ANDRES:  Andrea, a mí también me gusta hacer eso, coincidimos en todo....
ANDREA:  Andrés, tienes mucha razón...
ANDRES: ¿Y cómo eres? Porque ¿sabes? en realidad, yo soy normal, ni muy guapo ni muy feo. Aunque, eso sí, soy muy alegre, me gusta reir, pero  hay tantas cosas que me dan vergüenza, dicen que soy algo tímido.
ANDREA:  Pues yo por dentro creo que soy sencilla, aunque no muy decidida, pero no creas que soy una sosa eh? y, por fuera, pues de lo más corriente pero muy resultona.
Y sin apenas darse cuenta Andrés le había cogido la mano a Andrea y los dos estaban colorados como dos tomates. Tan atentos estaban el uno del otro que no se enteraron de que fuera, la tormenta ya se había ido y la luz del sol fue entrando en la cueva.  
Al verla, los ratoncitos se levantaron del suelo y cogidos de la mano, caminaron hacia la salida
Afuera un vientecillo suave empujaba a las últimas nubes.  El cielo volvía a estar azul, brillaba el sol y brillaban las hojas de los árboles salpicadas por las gotas de lluvia.  Más lejos estaba el arco iris.  Ratón Andrés y Ratona Andrea, cogidos de la mano, se detuvieron a la salida de la cueva y contemplaron el cielo azul.
Los dos ratones eran felices, por fin salieron de la cueva.   De repente Ratón Andrés miró a Ratona Andrea y Ratona Andrea miró a Ratón Andrés.  Antes no se habían visto, claro, en el interior de la cueva estaban completamente a oscuras.

ANDRES:  ¡Oh!
ANDREA:  ¡Oh, No!
ANDRES: Creo que no estoy viendo bien, debe ser la luz del sol que me deslumbra.
ANDREA: Oh, oh, eres completamente blanco, blanco, blanco requete blaaaaanco.
ANDRES: Oh, oh, y tú eres completamente negra, negra como una oliva negra y como una noche negra y como, como, ¡¡no puede ser!!.
ANDREA: Y los ratones blancos son los grandes enemigos de los negros
ANDRES: Y los ratones negros no quieren saber nada de los blancos
ANDREA: Pero... ¿tú sabes desde cuando esto es así?
ANDRES: Me temo que desde siempre ¡Desde toda la vida!
Los dos ratoncitos se pusieron muy tristes.  Uno marchó hacia el sur y el otro se fue hacia el norte. Sus pasos eran lentos y su mirada no se podía apartar del suelo.   El día ya no era maravilloso si no que todo les parecía de un color apagado y oscuro, de un color gris. 


ANDREA:  ¿Por qué los ratones negros son tan grandes enemigos de los ratones blancos?
PADRES ANDREA: Porque son blancos.
ANDREA:  ¿Solamente por eso?
PADRES DE ANDREA:  Toma con la niña, ¿Y te parece poco? Pues solamente por eso.
ANDREA: ¡Solamente por eso! ¡eso no es ningún motivo!

ANDRES:  ¿Por qué son los ratones blancos enemigos de los ratones negros?
PADRES ANDRES:    Porque son negros.
ANDRES:  ¿Solamente por eso?
PADRES ANDRES:  Claro que si, solamente por eso.
ANDRES:  “¡Solamente por eso no era ningún motivo!”



¿Dónde estará Andrés?.
Pero, ¡qué tonta fuí!  
¿Porqué lo abandoné?  
Si era alegre ya además superdivertido 
y me iba a enseñar a asustar gatos y a ser valiente…
Pero si no aguantaba a la gente creida, ni podía soportar a los que siempre mandan.  
Si tenía las manos rebosantes de suaves caricias…
Su piel era totalmente blanca, pero daba lo mismo.  
A ver, ¿qué le pasa al blanco? A mí el blanco me encanta.  
¡Pero qué tonta fui abandonando a Andrés!
Lo buscaré por todas partes 
y preguntaré a todo el mundo hasta que lo encuentre



¿Dónde estará Andrea?
¿Por qué le dí la espalda?
¡Qué tonto fui, pero tonto de remate!
Pero si era resultona y tímida. Si le gustaba cantar y las adivinanzas.  
Pero si le encantaba saltar en los charcos y contemplar el sol cuando se hacia de noche, 
y sentarse a la puerta de su casa a ver salir la luna…
Pero si no aguantaba a la gente que siempre estaba seria,
 y le encantaba la gente divertida y bromista.  
Su piel era completamente negra, bueno ¿y qué?  
Que alguien me diga qué tiene el color negro, a mí me parece hermoso, el más bello de todos los colores.  
Pero qué tonto fui abandonando a Andrea.  
La tengo que encontrar, la buscaré si hace falta debajo de la tierra, 
miraré en cada cueva, en cada madriguera, levantaré las piedras.  
Gritaré su nombre por todas partes: 
¡Andrea!, ¡Andrea! 



Los ratoncitos fueron a encontrarse justo al lado de la cueva donde se habían conocido, abrieron sus brazos, y luego corrieron el uno en busca del otro y se fundieron en un gran abrazo.  Y de repente todo empezó a brillar: el sol, el cielo, las hojas de los árboles.  El gris había desaparecido y de repente había colores por todas partes: rojos, azules, amarillos, verdes...

ANDRES. ¡No volveremos a separarnos nunca!
ANDREA: ¡Qué tarde tan chula!
 
ANDRES: Tengo novia, estoy enamorado de una ratona completamente negra, se llama ANDREA y es una pasada.  ¡Voy a casarme con ella! 
PADRES DE ANDRÉS: ¡Espantoso! Los ratones negros son nuestros mayores enemigos.  No iremos a la boda.

ANDREA: Tengo novio, estoy enamorada de un ratón completamente blanco.  Se llama Andrés y es maravilloso.  ¡Voy a casarme con él! 
PADRES DE ANDREA: ¡Qué desastre!  ¡Es que no sabes que los ratones blancos son nuestros enemigos mortales?  No iremos a la boda.


La boda se celebró de todas formas
 

... y los padres de Ratón Andrés y de Ratona Andrea sí asistieron.  
Pero los padres negros miraban hacia un lado y los padres blancos hacia otro. 
Sin embargo, Ratón Andrés y Ratona Andrea se miraban a los ojos y no se dieron cuenta.
Desde ese momento fueron muy felices: patinaban, paseaban, se sentaban el uno al lado del otro para ver ocultarse el sol y salir la luna, y juntos cantaban o decían adivinanzas.  A veces también discutían pero era por cosas que no tenían importancia y además enseguida hacían las paces.  Y el tiempo fue pasando.  Un día...
 
ANDREA:¡Tengo que darte una maravillosa noticia!  ¡ Tú y yo vamos a ser padres!
ANDRÉS:  ¡Vamos a ser papás, tú y yo!  ¡Es estupendo!


Ratona Andrea guardaba a sus hijos dentro de la tripa.  Y le gustaba sentirlos.  A veces se inquietaban porque los pequeños no paraban de moverse, y a veces se preocupaba porque estaban demasiado quietos.  Pero siempre les cantaba, o para que se durmieran, o para que se despertaran, y siempre, siempre, a cualquier hora, les decía que los quería mucho. También Ratón Andrés cantaba para sus pequeños y les decía que los quería, e incluso algunas veces ponía la mano encima de la panza de Ratona Andrea   y notaba el barullo de patitas y rabos que no paraban de moverse, hasta que un día…
ANDREA:  ¡Uy uy uy …..Nuestros pequeños están a punto de nacer!
ANDRES. ¡Ay, qué nervios! Voy a calentar agua para bañar a los pequeños cuando nazcan
ANDREA. Pero, ¿qué haces? ¡si estás apagando el fuego en vez de encenderlo!
ANDRES: Ay, qué despiste. Ya voy a traer los polvos de talco...
ANDREA. ¡¡Chiquillo, que me has traido la harina!! Anda, anda, prepara el jabón y los pañales
ANDRES: Ay, madre, cómo tengo la cabeza. Toma, aquí están.
ANDREA: Pero, jajajaja, estás tú más nervioso que yo, me has traido el aceite de las ensaladas y el rollo de papel de cocina.
¡Ay, ay! ¡Ya está! ¡Nuestros hijos ya están aquí!
Y entonces Ratón Andrés abrió las manos, y con grandes nervios y mucho cariño fue recogiendo a
los seis ratoncitos que salían de la tripa de Ratona Andrea. Los dos miraban a sus hijos. 
¿Qué era aquello?  Sus seis hijos, los seis, ¡no eran ni blancos ni negros!  En sus cuerpos chiquitos ¡no había ni un solo pelo!
 
ANDREA: ¡Ay, madre!, qué raros que son, son rosas, ¡no tienen ni un solo pelo!
ANDRÉS:  No importa, los querremos igual de todas formas.

Entonces llegaron los abuelos, y todos rieron, los blancos y los negros.   Andrés y Andrea no entendían sus risas.


PADRES DE ANDRES: (RIENDO) Los ratones siempre nacen iguales, hambrientos y pelones.
PADRES DE ANDREA:   (RIENDO) Es algo natural, después les crece el pelo. 
ANDRÉS:  ¡Menos mal! 
ANDREA: ¡Qué susto! Había pensado que serían siempre calvos.
ANDRÉS:  ¡Son preciosos!

ANDREA:  ¡Son tan guapos los seis! 

 

PADRES DE ANDRES: 
Son guapos estos tres; mira, van a ser blancos, se parecen a Andrés.
Querremos más a los blancos
Observa estas manitas, y ese hocico afilado, y esos ojos redondos.  Pero si está clarísimo, estos tres son exactos a Andrés cuando era pequeño.

 










PADRES DE ANDREA: Éstos sí son guapos; mira, van a ser negros, se parecen a Andrea.
Nosotros querremos más a los negros.
Mira esas orejitas, observa esos deditos y ese hociquito chato.  Estos tres son iguales que Andrea cuando era pequeña, parece que la estoy viendo.





ANDRES: ¿Qué más da cómo sean?
ANDREA: Todos son vuestros nietos.
ANDRES: Podeis equivocaros.
PADRES DE ANDREA: ¡Ni hablar!
PADRES DE ANDRES: ¡No hay ninguna duda!

Los abuelos negros solamente acunaban a los tres ratoncitos que, según ellos, serían como Andrea, negros
Y los abuelos blancos solamente acunaban a los tres ratoncitos que, según ellos, serían como Andrés,  blancos
 
A roro, mi nene...
Pasó el tiempo.  Los pequeños lloraban, comían y dormían.  
Y no había ninguna diferencia entre ellos, excepto que unos eran chicos y otros eran chicas.
Pero crecieron y un buen día a los seis ratoncitos les empezó a salir el pelo.

 

ANDRES: Oh, mira nuestros pequeños han cambiado, ya no son todos rosas ¡les ha salido el pelo!
ANDREA: Sí mira, dos son negros
ANDRES: ... y dos son blancos
ANDREA: ..y dos son grises, de un suave y precioso gis perla
ANDRÉS: ¡Qué guapos! 
ANDREA: Pero ¡qué guapos son nuestros seis hijos!



En cuanto a los abuelos, no salían de su asombro. 
Se habían equivocado los cuatro.  Precisamente los dos pequeños que se parecían a Andrés tenían el pelo negro, y los dos ratoncitos que se parecían a Andrea tenían el pelo blanco.  
Los dos pequeños grises se parecían lo mismo a Andrés que a Andrea.  
Como uno tenía la forma del hocico o el color de los ojos, y como otro tenía la sonrisa, las orejas o la forma de andar, y de moverse. 
Y entonces, ¡qué hicieron los abuelos? 
Pues lo que son las cosas, los abuelos negros, a fuerza de mecerlos, se habían encariñado con los pequeños blancos. 
Y lo mismo ocurría con los abuelos blancos, que a fuerza de acunarlos, se habían encariñado con los pequeños negros. 
Pero además los abuelos negros también querían a los dos nietecitos que eran de su mismo color. 
Y los abuelos blancos también querían a los dos ratoncitos que tenían la piel igual que ellos. 
Todavía quedaban los dos ratones grises. 
Pero los dos pequeños grises tenían tanto de blanco como de negros, así que los abuelos los quisieron también. 

 MORALEJA:

Nunca hay que juzgar a los demás por su aspecto exterior sino por lo que hay en el interior de su corazón, cuando ratón Andrés y ratona Andrea no se veían se gustaron y cuando se miraron a los ojos se enamoraron.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.


Muchas gracias a nuestro cole por contar con nosotras 
y dejarnos compartir estos ratos tan estupendos.